"La sal me sabría a polvo", de Jaime Labastida

 

Por: Maxim Michel Sassia

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De portada desgastada e ilustre, con un grabado en el frente, un gris y rojo se pinta de nostalgias de otro tiempo que reclaman unas manos que entiendan las rupturas de sus letras. Roto como el corazón que buscaba tu alma, roto como el tiempo que no transcurrió cuando no estaba, roto como los verbos que se me quedaron en los labios; así roto el libro y distancias que me amarran los recuerdos de cuando leí los poemas que hoy descansan.

Desgarrador el ritmo en que lo leo, son fantasmas los trozos y palabras. Cuestionamientos constantes, filosas verdades, espejos que reflejan mi mirada que busca y busca entre las pausas. Se me van las hojas, las blasfemias y las ganas y cuando no queda nada también las letras me salvan.

Espacios profundos, dolores del hombre, visiones del alma. No hay clama, hay penumbra, destrucciones y roces que incomodan los nombres, los nombres de lo que nada es, los nombres que no embellecen el pasado.

Rotunda y lacerada, camina la sombra negra de la tinta, incansable la duda y las espinas. Es tal el torrente de los sentidos que despierta en su lectura que secos mis nudillos raspan los suelos que me aguantan. Me siento a cuestas entre sus ojos y mis miradas en la patria que no cuestiona nada.

Deglutiendo el espacio que ocupo me sostengo y miro a la nada, los signos surgen e interrogan como himnos rotos de hijos tontos.

De ciudades, terrenos y miedos nos habla y nos desnuda en la intemperie del desierto, del desierto que se ahoga entre lo que nadie se atreve a preguntar y nadie tiene respuesta.

Leo los silencios mórbidos que atraviesan como espadas nuestras semejanzas entre crueles desinteresados asesinos y la propia espalda que a cuestas lleva la barca del nunca nada, los asesinos que no entendieron, hunden las manos en la arena de mentiras cobardes, mientras que estos textos rescatan, me salpican como sangre y bala la lucidez de mis verdades.

Para el que busca, que encuentre estas letras llanas, que riegue estas aguas dulces en el dudar de su alma. Que raye números y páginas y re escriba versiones largas.

Belleza encuentras en sus palabras, y acurrucas en tus sábanas porque al final de todas las llamas Jaime encuentra esperanza.

De autores que nos arrancan la carne viva a mordidas, esto me dejó Jaime Labastida, este fue mi insite, apenas soportable de masticar sus poesías.

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Ex modelo atípica, chef decepcionada. Romántica empedernida y con marido. No conozco la prudencia. Le temo al tedio y a la esquizofrenia. Soy Caribe y alma vieja. Escritora empírica, ruidosa, y dicharachera.