La Feria

Por: Vlado Sánchez

 

Las avanzadas matemáticas utilizadas por las redes sociales para hacer una discriminación de tópicos y gustos personales proveen de certezas a nuestras vidas y nos liberan del chocoso momento de la toma de decisiones. Así como en las ferias de diversión itinerantes, la gama de booths es limitado y conocido, pero no menos emocionante, la oferta de eventos culturales y específicamente los relacionados con esos objetos peculiares, siempre bien justificados por chicos libres de hormonas STBr, que muestran el "estado del arte" de las prácticas plásticas, someten las agendas personales a compromisos estéticos reciclados. Tan sencillo como tener amigos en común dentro de las redes sociales que disfruten tanto como nosotros el algodón de azúcar o el juego de canicas. Ésta es la parte fácil. 

 

Las expectativas de participación en éstos eventos son amplias, la ilusión fue vendida hace ya mucho tiempo. Aunque los motivos personales no sean del todo claros siempre existe la sensación de ganancia como un motivo fuerte, como la que proporcionan la mayoría de juegos de habilidad-azar dispuestos a lo largo de las calles recuperadas, tomadas, por productoras itinerantes de felicidad. Ésta sensación de ganancia (psico-sanadora en algunos casos graves) requiere una breve inversión como cuota de pertenencia, pero al ser ésta una inversión simbólica no siempre funciona adecuadamente ni es duradera, a veces hay quien no soporta haber desperdiciado una quinta parte de su salario mínimo en la casa del terror y suelta algunas lagrimas.

 

La cuestión para este texto improductivo y para no dar rodeos más allá de la calidad de la producción, la curaduría, la organización, la museografía, la organización de simposios, la jerarquización de tópicos sobre teoría, etc. y todas esas cosquillitas que generan estos términos tan dulcemente afrutados, radica más en las complicaciones de los vínculos de sensualidad artísticos. Una cosa es la producción de la feria y sus juegos mecánicos y la otra es generar el sudor compartido necesario para que todo funcione. 

Los nodos tan esperados del SITAC (Simposio Internacional de Teoría de Arte Contemporáneo) desbordaron los ánimos de los incluidos en la programación local de prácticas artísticas, o por lo menos de los seguidores de esta secta anual, y de alguno que otro felino entrenado para el show. Todos con pase mágico y dispuestos a colaborar en esta práctica "descentralizante" que el simposio promulgó después de muchas críticas por sus prácticas restauradoras. 

Como en la dramaturgia de Erving Goffman, los protagonistas enfrentados en el escenario con sus antagonistas, mejor ejemplificada en las obras de teatro del pueblo en las ferias, presentaron micro-acciones teatrales propias del juego contextual del arte contemporáneo. Siempre en primer plano y con látigo en mano las "chicas" del patronato, de cerca la musculatura de la organización local, en su mayoría pertenecientes a la últimamente maltratada UDLAP, y todos los demás... 

La importancia de lo que genera el SITAC es bien conocida, a pesar de que priven aún algunos mecanismos ortodoxos. Su puesta en marcha genera reflexión sobre temas de relevancia para las prácticas artísticas nacionales, sobre todo si se complementa con una visión autocrítica. 

Lo que sucedió hace unas semanas en el nodo propuesto para la comunidad Puebla-Cholula sigue siendo una mirilla para observar el comportamiento despreocupado y confrontado de los sujetos del arte local. Es agobiante reafirmar que los circuitos del arte en Puebla, si es que existen, siguen funcionando como esferas de autocomplacencia. 

La participación de públicos se redujo a los "indispensables", los agentes que reconfortan cíclicamente este tipo de eventos, no por una situación de exclusión por parte del comité organizador de públicos menos complacientes, sino por autocensura de públicos ya informados del acontecimiento. El apoyo inter-académico que requiere este tipo de eventos fue condicionado a obtener poderes exclusivos y no para lograr colaboraciones simétricas de visibilidad, las ausencias y berrinches de quienes no lograron obtener esto se vuelve sintomática de este mecanismo de canibalismo académico. El desdoblamiento hacía un concepto más digerible para estudiantes en formación sobre lo que es la participación en este tipo de eventos no cuajó. No se logró seducir ni generar el sudor necesario para pegar otros cuerpos nuevos al tren de la discusión sobre el arte. Todo esto a pesar del esfuerzo realizado por los solicitantes y organizadores del nodo, que siempre son insuficientes. 

¿Es necesario que se repitan experiencias como éstas? Claro, si es que logramos recolectar mejor los malos y buenos resultados que se dejan después de agarrar el rifle y disparar a los muñequitos de metal sin lograr atinarle más que a la vitrina de cristal. Y sobre todo pensar que este tipo de sucesos reflejan para nuestro caso, más que las condiciones de un simposio, la saturación de actuaciones representadas hasta el aburrimiento por agentes locales que consideran el campo expandido del arte como un duelo para ver quién logra golpear más fuerte.

 

 

Vlado Sánchez, entrometido y chismoso, como cualquier sociólogo del arte. Desayuna fruta de temporada para equilibrar la acidez que le provoca la cháchara cultural. Pinchadiscos retirado, o mas bien abandonado por su público que reclama más bachata. Engaña a la comunidad de sanación holística-tántrica-buena onda y yoga para mentes libres en su centro de recreo y alquimia Azotacalles.  

CASANUEVE

Casa Nueve, 1205 Calle 2 Norte, San Andrés Cholula, Pue., 72810, Mexico